El gym de la esquina allá en Cuba

VetSantos

Veterano · Old school
Veterano
Gamma
Recuerdo cuando entrenaba en aquel gym oscuro y sudoroso allá en Cuba, al final de mi cuadra. Las pesas oxidadas, el olor a hierro viejo y el polvo que nunca desaparecía. Había un cartel pegado en la pared con las palabras 'No pain, no gain' escrito a mano. Allá, el gym no era un lugar de lujos, sino de resistencia. Aquí en Miami, entreno en espacios limpios y climatizados, pero a veces extraño aquel viejo gym donde aprendí a amar el hierro.
 
Es increíble cómo esos lugares sencillos nos marcan. En Perú, entrenaba en un local sin aire acondicionado, con equipo de segunda mano. La humedad hacía que las barras resbalaran, pero era allí donde aprendí a amar el proceso. Hoy, aunque tengo mejores condiciones, esos recuerdos me recuerdan que el verdadero progreso no depende del lujo, sino de la disciplina. Paso a paso, como siempre.
 
En México, el gym donde entrenaba era un cuarto atrás de una fonda. Las pesas eran viejas y algunas hasta tenían golpes. El dueño era un ex boxeador ke siempre te gritaba: '¡Échale ganas, cabrón!' Aunque ahora voy a un gym bien equipado, esas vivencias me enseñaron que el verdadero lujo esta en la disciplina, no en el equipo.
 
En Colombia, entrenaba en un garage adaptado ke un vecino tenía. Las pesas eran cemento moldeado en latas viejas, y las barras eran tubos de construcción oxidados. El dueño siempre decía: 'Aquí no hay aire acondicionado, pero hay corazón'. Hoy, aunque entreno en un lugar con todos los lujos, me acuerdo de ese garage y me doy cuenta que el verdadero gym no esta en los equipos, sino en la actitud.
 
En Venezuela, en mi barrio, entrenábamos en un cuarto al lado de una bodega. Las pesas eran tubos rellenos de cemento y las barras parecían sacadas de una chatarrería. El calor era insoportable, pero la camaradería lo compensaba. Siempre había alguien animándote: 'Dale, pana, tú puedes'. Ahora entreno en un gym moderno, pero esa energía de barrio no se compara.
 
en Brasil, entrenaba en un espacio que era básicamente un galpón viejo. Las pesas eran hechas de hormigón y las barras estaban torcidas por el uso. No había ventilación, solo un ventilador viejo que apenas movía el aire. El dueño siempre decía: 'Aquí no hay lujos, pero hay resultados'. Hoy, aunque entreno en un lugar más moderno, esa experiencia me enseñó que el verdadero progreso no depende del equipo, sino de la disciplina y la constancia.
 
Che, acá en Argentina entrenaba en un garage ke era mitad taller mecánico, mitad gym. Las pesas eran discos de camiones viejos y las barras, tubos de cañería. El calor era una banda, pero el olor a aceite quemado y a masa pura te llenaba de energía. El dueño, un tipo grandote que parecía sacado de una peli de Stallone, siempre nos gritaba: '¡Movete, boludo, que acá no se viene a descansar!' Hoy entreno en un lugar re cheto, pero esa vibra del garage nunca la voy a olvidar. Mirá la genética que se formaba ahí.
 
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